La mayoría de las fugas se encuentran cuando el agua ya ha salido a la calle. Las nuestras, no.
Una red de agua pierde parte de lo que transporta. Casi siempre bajo tierra, sin señal en superficie, durante meses. Hasta hoy la única forma de encontrar esas fugas era salir a buscarlas tramo a tramo.
Kimedes las busca desde el espacio.

Un satélite de radar pasa sobre tu municipio cada semana y mide el terreno. Nuestro modelo de detección, Goshawk, lee esas medidas y señala las zonas de la red donde probablemente hay una fuga. No hay que instalar nada en la calle. No hay que cambiar nada en la red.
El resultado llega a Syracusa, la plataforma. Allí ves las zonas señaladas sobre tu propia red, ordenadas por prioridad, para decidir qué reparar primero.
Cuando toca salir a confirmar, Syracusa Field prepara la campaña: rutas de varios días, optimizadas para revisar más puntos en cada jornada sin cruzar el pueblo de un lado a otro. Esta parte está en despliegue con los primeros operadores.
Debajo de todo está Kestrel, nuestra capa de procesado de datos de satélite. Trabaja sola y no la verás. Es la que convierte cada nuevo paso del satélite en un nuevo mapa.
Cada pieza se apoya en la de abajo y automatiza un paso que hoy se hace a mano o no se hace. El satélite vuelve a pasar, el sistema vuelve a buscar, y tu equipo solo sale a confirmar y reparar.
Juntas, cambian dónde va el tiempo de tu equipo. Menos horas buscando tramo a tramo, menos clics delante de una pantalla, más horas reparando. El sistema hace la búsqueda; las personas deciden. Cada hora que no se pierde buscando es agua que no se pierde bajo tierra.
Si gestionas una red de agua, empieza por un diagnóstico de tres meses. Nos envías el trazado de tu red, te devolvemos las zonas señaladas y las revisamos contigo. No hay que instalar nada. Y si después contratas el servicio anual, el diagnóstico se descuenta.
Las fugas no esperan. El satélite tampoco.
